Idunn

Foto: Juan Manuel Díaz.

Fui a ver a las Nornas. Urd y Skuld tejían y destejían; Verdandi tenía la rueca mala, y los destinos de algunos hombres se enredaban en las ramas de Yggdrasil. Al otro lado del río, un animal bellísimo me miraba. Le ofrecí una de mis manzanas. Tuve que nadar de espaldas, con la fruta al medio de mis pechos. No podía mojarse. Las hilanderas gritaban que me devolviera.  Casi al llegar a la orilla, el animal se acercó a mí y devoró el pomo carnoso y fragante. Serás joven para siempre, le dije acariciando su hocico. Él gimió de alegría, y hundió lentamente sus colmillos en mi cuello. Se ahogó de inmediato con los vapores venenosos de las uñas de los muertos que yo guardaba debajo de la lengua, a modo de precaución.

Trepadas arriba de Yggdrasil, las Nornas soñaban con aguas rojas y batallas eternas. Salí en silencio. No quise despertarlas. Mis dedos estaban traslúcidos.

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Antígona

El cuadro pertenece a Tamara de  Lempicka

Quien conozca mi historia podrá llorar estas palabras. Quien me mate por segunda vez que use la soga del silencio. Quien me ame que bese la espada ensangrentada.

Nací para espantar a la muerte: los cuervos no comieron los ojos de mis ojos, el amor se mantuvo firme en mi mano y arañó la tierra enferma de traiciones.

Mi libertad está en boca de Sófocles, Brecht, Anouilh: soy Antígona resucitada y recreada.

Han escrito a una mujer que no soy yo.

Dionisa

"THIRST", SERGEI BIZYAEV

Bebo. Estoy sola y me emborracho. Me han dado un picadillo de ménade que está cocido. La música es estridente, todos bailan enloquecidos, desnudos, arriba de las mesas.

El vino se acaba. Pido más de ese Xynomavro que me recuerda los frutos negros de mi bosque, donde también bailé en noches de luna llena, festejada de abrazos y besos.

Mi copa está llena y bebo. Con qué docilidad la memoria se me agolpa en la sangre: las horquillas las dejé arriba de la cama para tu colección de casualidades.

Soy una puta vieja que junta sus monedas para venir aquí y ver cómo fornican en mi nombre.

Ariadna I

Foto: Elena & Vitaly Vasilieva

Teseo, con esta espada matarás al Minotauro, que es tu sombra; tómala, siente su peso, pruébala en mí, deja que mi sangre te guíe de vuelta. No temas, acostumbrarás tus ojos a la oscuridad, podrás sentirme acezar en el laberinto de tu corazón. Ve, guerrero, hunde el acero y grita. Manifiesta tu odio que yo revierto la historia: soy el toro y el hombre, el monstruo, la pesadilla, y también el lugar de la pérdida y el espejismo.

Que el cierzo me lleve si lo que digo es mentira.

Ariadna II

Foto: Elena & Vitaly Vasilieva

Mira, el asunto es que maté a Teseo. Fue rápido y limpio. Dijo “perra traicionera”, y cerró los ojos. Luego, todo fue fácil. Entré al laberinto a buscar a Minotauro. Cuchito, cuchito, llamé. Y él me respondió con unos gemidos asustados. ¿Se fue el loco? Sí, gatito, para siempre. Gracias, preciosa, no sé cómo agradecerte. Me puedes rascar el lomo, me encanta. ¿Ahí? Sí, pero un poco más arriba. ¡Sigue, sigue! ¡Ahhhhh!  Sé que suena perverso, pero tócame la cola. ¿Así? Más fuerte, más fuerte. Ahora, trata por aquí y aquí y acá.

Cuento corto: después de tantas caricias, le mordí el cuello y lo asfixié. Balbuceó “perra”, a secas, y murió con la carpa alzada, como Teseo.

Aquí hay un enredo muy grande. Pásame las tijeras, anudamos nuevamente y seguimos ovillando. ¿Vale?

Adana

Guernica, de Pablo Picasso (Esbozo)

Mírame las costillas: hay cuatro rotas; te las doy así como están, y el ojo perpetuo en su tinta.

Luego harán de mí la boca incendiaria, el paquete inservible que se lanza al vacío.

Mira el sin refugio, la alambrada, la púa, el diente en el suelo.

Adana es mi nombre.

Repítelo.

Guárdalo en tu corazón para que otros me recuerden como el primer verbo crucificado en las casas de tortura.

Calipso I

 Los ojos son de Rita Hayworth

Toma. Aquí está el timón y el astrolabio. La cuerda es para que te ates al mástil; con la vela y el remo irás a velocidad crucero. Pan, agua dulce, cangrejo seco. En este frasco va la esencia de mi amor. Si lo botas al mar, quedarás anclado a mi nombre que nada oculta. Si lo abres, tendrás que vivir aferrado a mi muerte.

Tú eliges.

Calipso II

La miradita es de Bettie Page

Ulises, no emitas palabra alguna. Ándate, si es lo que deseas, corre a los brazos de tu tejedora, cuéntale que estuviste en una isla deshabitada y que vagaste durante siete años hundiendo los pies en la arena, naufragando de hambre, soñando el tejido de tus propias añoranzas, deseándola con los labios partidos de sal.

No dejes, Ulises, que yo intervenga en tu historia heroica. Sé que partirás mar adentro; nadie oirá acerca de mí. Seré el agua por donde irá tu barco. Penélope me beberá, y sabrá por qué te dije: “Los ahogados siempre retornan a su playa de origen”.

Corina

Los ojos son de Sofía Loren

Non tibi crimen ero, nec quo laetere remoto.

Ovidio

… Pero el amor pasa, se esfuma como el cigarrillo en la boca de un loco que no sabe de sonidos ni furias, sino de una mano que lo ahorca. Luego, si es que hay una secuencia en el lento proceder de las horas, viene el recuerdo, nunca verdadero: los ojos mienten cuando tratan de deleitarse con las antiguas caricias convertidas en palabras.

Discurre el amor como declina el cadáver de tu enemigo frente a la puerta del odio.

Y viene el vacío a la copa: el agua retrocede al océano; los labios buscan las brasas del deseo. Y pasa. El aguijón de la historia es el que escribe, entonces, de ese dolor que toda memoria evoca. ¿Y cuándo el cielo será más azul ahora que resume el misterio de los atardeceres? ¿Para qué buscar la exactitud del verbo en la arena del tiempo?

Pasa el espejo de las risas para la que aún ríe de los amores prodigados al mediodía.

ἀλήθεια

Los ojos son de Simone de Beauvoir

Diré la verdad. Esa otra que soy no existe. Insomne, me miro al espejo y veo a un ser humano que trata de descifrarse. Luego, temerosa de perderme, escribo. La femme, cette inconnue; no sé quién lo dijo. Y yo escribo. Afuera el mundo gira en su eje cansado, y velo mis propios ojos. Miento.

Lector, nunca llegarás a conocerme; es tan extraño saber que me observas y que Alétheia se instaura en esa oblicuidad llena de conceptos. Y todo huele a estereotipo, a palabra malgastada, a naftalina verbal.

Des(a)nudo lentamente mi escritura, porque sé que dos bocas deben unirse, aprender el lenguaje tibio que no sale en los libros, y que un hilo de saliva entreteja un puente de nostalgias, desdibujado y febril.

Encuéntrame aquí, en este instante en que me disfrazo de harapienta, estirando la mano limosnera de la ficción y de una verdad – epitafio.

Somos dos solos, cada uno con sus rituales de añoranza cruzada. El invierno terminará de llevarse el laberinto, y tú me leerás acostado en tu cama de estirada soledad, pensando que deberías escribir también, contestarte a ti mismo la pregunta que dejaste suspendida en el aire, tambaleando como una hoja de árbol a punto de caer.

Aquilea

Los ojos son de Virginia Woolf

Me preparo para el salto. Respiro. Boto todo el aire y, con el alma vacía, corro. Me persiguen los hombres, de piernas largas y fuertes. Quieren sacarme la lengua como a Micaela del Perú. Extienden las manos para alcanzar mi hombro. Falta poco para llegar a la meta. Un impulso de recuerdos agita mi cuerpo. Las imágenes avanzan conmigo. Ellos quedan atrás, jadeando. El despeñadero está aquí. Un paso más. He vencido.

¡Mujer de vida ligera!, me gritan desde arriba los que lamieron mi talón envenenado.

Jezabel

Foto: In the Midst of Life We Are in Death (1905), de Bernhard Gutmann. En http://rareerotica.blogspot.com

Me tragué a Baal. Miren mis vísceras. ¿Alcanzan a ver los rayos de sol naciendo de mis fragmentos? ¿Los ciega, acaso, su luz sincera? ¿Dónde escuché decir que la muerte vendría a someterme, que me ahogaría como una vaca en el aluvión? Pero, aquí estoy. Soy la Gran Puta defenestrada. Cierra los ojos y será mañana, leí en el pergamino de un navegante. Cierra los ojos, ahora que no hay ojos. Bendice a esos perros, dios padre, cada una de sus dentelladas, porque saben lo que hacen.

Más tarde será el mañana de una reina devota.

Ifigenia

Pina Bausch.

He encontrado refugio en el grácil silencio de la piedra.

Soy una historia breve y una imagen dura, surcada de grietas.

La traición me mató, no el filo de la espada.

Las velas se desplegaron; la guerra ardió de fuegos fatuos.

Me torturaron los labios de mi madre besando la venganza.

Grité en los oídos del gran rey cuando me ofrecía a Artemisa.

Y antes de nacer, ya era huérfana y ya elegía mi muerte.

Ya escribía mi vida en la palma de la mano.

En el pedregal estoy.

Ven, siéntate a mi lado.

Pandora

Los ojos son de Bette Davis.

La caja es de madera de pino sin barnizar, como un ataúd en el muro de los lamentos. Es ahí donde habito. Me he acostumbrado a las rendijas por donde entra luz, a las astillas que me recuerdan que estoy viva, al silencio de la noche y a la algarabía del día. Hasta ahora, nadie ha tratado de forzar la cerradura de la caja, es tan inofensivo su rentangular deseo. A veces, alguien la levanta, pero teme males y desgracias, y la deja en el suelo como una piedra o una carta rota en varios pedazos. Ya no me molestan los viajes de la caja. Soy errante y callo. Me llevan en manos especialistas, y luego de un rato concluyen: no hay bomba. Vuelvo al bosque o a un tarro de basura. El mundo olvida rápido; pasará poco tiempo y la caja no estará en sus sueños, ni siquiera en los míos.

Vulcana

La actriz Theda Bara

La pistola Zeus tiene una empuñadura labrada y disparador suave, especial para principiantes; el rifle Minerva, calibre 308 con visor Circe, es para expertos. Este lanzamisil Ítaca es portátil, y la escopeta lanzagranadas sin retroceso Medusa 79 es un arma antiemboscadas.  La metralleta NN-47 era de un presidente. No se vende.  Cascos antidisturbios y grilletes para rótulas, pulgares y cuello, están en oferta: lleva tres, paga dos. Lo  mismo para el gas de mostaza y el aerosol de pimienta. ¿Machetes? Varios. ¿Quiere verlos? También hay cuchillos cortahueso, desolladores, y mi creación más nueva: el hacha Troya, con mango odiseo. Una obra de arte. Es cara, eso sí.

Lo veo confundido; piense qué es lo que quiere comprar y para qué. Mañana vuelve. Cuál es el apuro. Tome: una bala expansiva. Gentileza de la casa.