Dánae

Dánae, de Gustav Klimt

A Margarita Niemeyer

Tengo una cita. Miro por la ventana, esperándolo. No quiso decirme su nombre verdadero. Llámame Zeus, escribió. Y Zeus tarda en llegar. Un momento. Ahí está de espaldas, frente a un árbol. ¿Qué hace? ¡Dioses del Olimpo! Me escondo, ruborizada. Lo mejor es que no me encuentre. Huyo por la puerta trasera y salgo corriendo al patio. Resbalo. Caigo sentada arriba de la poza fétida que él ha dejado. Viene hacia mí. Klimt, para servirla. Sonríe con el pincel en la mano, y comienza a pintar una lluvia dorada.

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1 comentario

  1. pia

     /  *

    Como siempre o mas que nunca, Lili, tu genialidad se demuestra en el severo guiño irónico con esas musas que no escampan.
    Besotes
    P

    Responder

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