Bellas de sangre contraria

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“Bellas de sangre contraria”

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Bellas de sangre contraria tiene como tema principal a la mujer en la historia mítica. Cada narración aborda intertextualmente personajes femeninos, en su mayoría, griegos. Se dan cita impuntual Penélope, Circe, Ariadna, Dánae, Medusa -tejedoras de la palabra en la periferia de sus pieles. Manejándose con un lenguaje conciso y cortante, esta relectura, devenida  aguda escritura, tiene un tono irónico y apunta a la subversión del estereotipo. También existen figuras trasvestidas, como Sísifa, Asteriona, y otras -siempre de contraria sangre- que indagan su esencia de cuestionamiento con el furor de sus miradas.

Siguiendo el trazo lorquiano, bajo la mano incisiva de Lilian Elphick, las bellas son mujeres-navajas, deseosas de tener un nuevo y mejor filo.

Damaris Calderón

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Bellas de sangre contraria, de Lilian Elphick (Microrrelatos). Mosquito Comunicaciones, Santiago de Chile, 2009.

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Sansona

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Foto: Robert Mapplethorpe

Él me agarró por la espalda, las manos tensas en mi pecho. Me gustó, no puedo negarlo. Sabía que mi codo guardaba toda la fuerza del mundo. Y así fue. Un golpe certero. Luego, el puño izquierdo voló hacia su ceja. Mis nudillos amaron esa valiente sangre. Tambaleó un poco, uppercut, mentón triturado. Tenía la navaja lista. La hubiera hundido en su yugular, pero preferí cortar mi larga trenza y lanzársela al hombrón que se revolcaba en el suelo.

Marimacho -gritó, con baba entre los dientes, cogiendo la trenza y devorándola.

En aquellos días de lluvia, me lavaba el pelo con cicuta, para no andar aleonada.

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Erato

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Foto: Igor Amelkovich

Me han encerrado en este museo junto con las otras. A ellas les gusta que las celebren, les rindan culto y degüellen animales en su honor. A mí, no. Detesto ser musa de poesías incendiarias y andar con la cítara a cuestas, inspirando a cuanto imbécil me llame desde el otro lado del camino. Y las tórtolas que revolotean a mis pies… ¿serán más ricas asadas, o a la olla, con laurel y vino blanco?

Un momento. Una chica me hace señas. Se llama Lisa. Bello nombre, damita, ¿quién te puso ahí? Mírate con esa sonrisa extraña; apuesto a que estás incómoda con tanto sfumato. Un, dos, tres. ¿Ves? Era fácil. Vámonos, que este sitio no es para nosotras. Podemos probar el gineceo lúcido o Youtube.

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María Antonieta

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Norma Shearer en la película "María Antonieta" (1938).

Ya no tendrán que comer pasteles, mis famélicos; aquí tienen mi cabeza. Pueden guardar la sucia peluca, si les parece, teñida de mi sangre azul. Mis ojos serán más sabrosos con una pizca de sal. El derecho tiene cataratas; el izquierdo, una pupila vengativa. Mi boca, que tantos manjares probó, seguirá gritando por mucho tiempo; no se asusten si vomita alguna lágrima de cristal o un diamante huérfano. La lengua la llevarán a la olla durante tres horas, hasta que esté blanda. Con nuez de Luis será exquisita. Les aconsejo mis trompas de Eustaquio. Verán que están recubiertas de un grueso cerumen; por este motivo no los oía. Cuando hayan vaciado los humores, ríanse. Finalmente, recomiendo el  fromage de ma tête à l’ancienne.

Bon appétit!

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Yocasta

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Yocasta, de Joel Peter Witkin.

No dramaticemos, Edipo. Lo que pasó, pasó. En el mundo de la sangre, siempre hay puertas de escape. Fui tuya. Sí. Besaste el óxido de mis palabras y gozaste con ellas, en silencio, cuando aún tenías ojos para comprender que mi cuerpo te necesitaba, y se enroscaba en ti con el placer que sólo da la ignorancia.

Yo era una soga al cuello, bien firme; un amor anudado. Y tú, una historia ciega y solitaria que mis lágrimas recogieron para devorarla.

Soy tuya. Aún. Mis huesos te reclaman; la unión posible en esta cárcel de tierra.

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Lorelei

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Lorelei, de Colette Calascione

Los navegantes mienten al decir que los seduzco con cantos de sirena. Son ellos los que me embriagan con su muerte de agua dulce. La metamorfosis es rápida: mi cola de brillosas escamas deja paso a un par de miembros pálidos que no sé usar. Trato de incorporarme y caigo, rompiéndome la piel inútil, mientras el barco se aleja arrastrando el anzuelo incrustado en mi boca.

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Idunn

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Foto: Juan Manuel Díaz.

Fui a ver a las Nornas. Urd y Skuld tejían y destejían; Verdandi tenía la rueca mala, y los destinos de algunos hombres se enredaban en las ramas de Yggdrasil. Al otro lado del río, un animal bellísimo me miraba. Le ofrecí una de mis manzanas. Tuve que nadar de espaldas, con la fruta al medio de mis pechos. No podía mojarse. Las hilanderas gritaban que me devolviera.  Casi al llegar a la orilla, el animal se acercó a mí y devoró el pomo carnoso y fragante. Serás joven para siempre, le dije acariciando su hocico. Él gimió de alegría, y hundió lentamente sus colmillos en mi cuello. Se ahogó de inmediato con los vapores venenosos de las uñas de los muertos que yo guardaba debajo de la lengua, a modo de precaución.

Trepadas arriba de Yggdrasil, las Nornas soñaban con aguas rojas y batallas eternas. Salí en silencio. No quise despertarlas. Mis dedos estaban traslúcidos.

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Antígona

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El cuadro pertenece a Tamara de  Lempicka

Quien conozca mi historia podrá llorar estas palabras. Quien me mate por segunda vez que use la soga del silencio. Quien me ame que bese la espada ensangrentada.

Nací para espantar a la muerte: los cuervos no comieron los ojos de mis ojos, el amor se mantuvo firme en mi mano y arañó la tierra enferma de traiciones.

Mi libertad está en boca de Sófocles, Brecht, Anouilh: soy Antígona resucitada y recreada.

Han escrito a una mujer que no soy yo.

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Dionisa

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"THIRST", SERGEI BIZYAEV

Bebo. Estoy sola y me emborracho. Me han dado un picadillo de ménade que está cocido. La música es estridente, todos bailan enloquecidos, desnudos, arriba de las mesas.

El vino se acaba. Pido más de ese Xynomavro que me recuerda los frutos negros de mi bosque, donde también bailé en noches de luna llena, festejada de abrazos y besos.

Mi copa está llena y bebo. Con qué docilidad la memoria se me agolpa en la sangre: las horquillas las dejé arriba de la cama para tu colección de casualidades.

Soy una puta vieja que junta sus monedas para venir aquí y ver cómo fornican en mi nombre.

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Ariadna I

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Foto: Elena & Vitaly Vasilieva

Teseo, con esta espada matarás al Minotauro, que es tu sombra; tómala, siente su peso, pruébala en mí, deja que mi sangre te guíe de vuelta. No temas, acostumbrarás tus ojos a la oscuridad, podrás sentirme acezar en el laberinto de tu corazón. Ve, guerrero, hunde el acero y grita. Manifiesta tu odio que yo revierto la historia: soy el toro y el hombre, el monstruo, la pesadilla, y también el lugar de la pérdida y el espejismo.

Que el cierzo me lleve si lo que digo es mentira.

Ariadna II

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Foto: Elena & Vitaly Vasilieva

Mira, el asunto es que maté a Teseo. Fue rápido y limpio. Dijo “perra traicionera”, y cerró los ojos. Luego, todo fue fácil. Entré al laberinto a buscar a Minotauro. Cuchito, cuchito, llamé. Y él me respondió con unos gemidos asustados. ¿Se fue el loco? Sí, gatito, para siempre. Gracias, preciosa, no sé cómo agradecerte. Me puedes rascar el lomo, me encanta. ¿Ahí? Sí, pero un poco más arriba. ¡Sigue, sigue! ¡Ahhhhh!  Sé que suena perverso, pero tócame la cola. ¿Así? Más fuerte, más fuerte. Ahora, trata por aquí y aquí y acá.

Cuento corto: después de tantas caricias, le mordí el cuello y lo asfixié. Balbuceó “perra”, a secas, y murió con la carpa alzada, como Teseo.

Aquí hay un enredo muy grande. Pásame las tijeras, anudamos nuevamente y seguimos ovillando. ¿Vale?

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Adana

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Guernica, de Pablo Picasso (Esbozo)

Mírame las costillas: hay cuatro rotas; te las doy así como están, y el ojo perpetuo en su tinta.

Luego harán de mí la boca incendiaria, el paquete inservible que se lanza al vacío.

Mira el sin refugio, la alambrada, la púa, el diente en el suelo.

Adana es mi nombre.

Repítelo.

Guárdalo en tu corazón para que otros me recuerden como el primer verbo crucificado en las casas de tortura.

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Calipso I

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 Los ojos son de Rita Hayworth

Toma. Aquí está el timón y el astrolabio. La cuerda es para que te ates al mástil; con la vela y el remo irás a velocidad crucero. Pan, agua dulce, cangrejo seco. En este frasco va la esencia de mi amor. Si lo botas al mar, quedarás anclado a mi nombre que nada oculta. Si lo abres, tendrás que vivir aferrado a mi muerte.

Tú eliges.

Calipso II

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La miradita es de Bettie Page

Ulises, no emitas palabra alguna. Ándate, si es lo que deseas, corre a los brazos de tu tejedora, cuéntale que estuviste en una isla deshabitada y que vagaste durante siete años hundiendo los pies en la arena, naufragando de hambre, soñando el tejido de tus propias añoranzas, deseándola con los labios partidos de sal.

No dejes, Ulises, que yo intervenga en tu historia heroica. Sé que partirás mar adentro; nadie oirá acerca de mí. Seré el agua por donde irá tu barco. Penélope me beberá, y sabrá por qué te dije: “Los ahogados siempre retornan a su playa de origen”.

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Corina

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Los ojos son de Sofía Loren

Non tibi crimen ero, nec quo laetere remoto.

Ovidio

… Pero el amor pasa, se esfuma como el cigarrillo en la boca de un loco que no sabe de sonidos ni furias, sino de una mano que lo ahorca. Luego, si es que hay una secuencia en el lento proceder de las horas, viene el recuerdo, nunca verdadero: los ojos mienten cuando tratan de deleitarse con las antiguas caricias convertidas en palabras.

Discurre el amor como declina el cadáver de tu enemigo frente a la puerta del odio.

Y viene el vacío a la copa: el agua retrocede al océano; los labios buscan las brasas del deseo. Y pasa. El aguijón de la historia es el que escribe, entonces, de ese dolor que toda memoria evoca. ¿Y cuándo el cielo será más azul ahora que resume el misterio de los atardeceres? ¿Para qué buscar la exactitud del verbo en la arena del tiempo?

Pasa el espejo de las risas para la que aún ríe de los amores prodigados al mediodía.

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